31 de agosto de 2005
Desde mi piso alto en un barrio burgués de Barcelona (España), esta mañana clara, plácida y fresca, rodeado de todas las comodidades del hombre moderno y la compañía y cariño de los míos, es decir, mis libros, mi adsl y mis cacerolas, bebiendo café de Colombia y picoteando pan de manzana, yo podría escribir una llamativa, vivísima e informada crónica sobre la ciudad de Nueva Orleans bajo las aguas. No lo hago porque mis parodias se limitan a los vivos, y aquí hay muchos muertos y heridos y gentes sin casa y sin pasado, aunque bien es cierto que se trata de norteamericanos, derribados además por la imponente y caprichosa naturaleza, tienes nombre de mujer. Habría sido, por lo demás, una parodia relativa, donde lo único sujeto a manipulación y artificio sería el lugar del periodista. Pero no, en absoluto, la calidad y la verdad de las informaciones: cualquier primera página de cualquier periódico del mundo la acogería con gusto y sin trámites. Lo formidable, visto desde la falda del Tibidabo, es que el núcleo de la crónica lo formaría una impresionante colección de testimonios obtenidos en el lugar de los hechos. Una muestra cualquiera, aquí. Quiero decir que nada parecido a una de esas estafas, con más o menos pedigrí periodístico. Pura faction.
La crónica de testimonios ha sido uno de los ejercicios canónicos del periodismo. Se enviaba a los chicos al lugar de los hechos para que recogieran los testimonios. Estremecedores. Ahora los testimonios llegan al lugar de la crónica. ¿Cuál es ese lugar? La sintaxis. Bajo el Tibidabo mismo. Ya no sé en qué hora de esta mañana emocionante he leído el relato de una ciudadana de Nueva Orleans a la que se fue la luz en mitad de la frase, y bajó al garaje y conectó su blackberry al coche y continuó el blog allí hasta el punto de que se oía la lluvia golpeando sobre las tejas.
Pronto va a haber problemas. Tarde o temprano, cuando salgan del topical storm, los periódicos se darán cuenta de que los mejores testimonios de un suceso están en los blogs. Pretenderán utilizarlos. Puede que ya les exijan dinero.




