25 de agosto de 2005
Era sólo un farsante, y el periódico lo convirtió en terrorista. (“La Policía detiene en Barcelona al autor de la amenaza al Vaticano en nombre de Al Qaida. Abc, página 16)
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We published Posner”. Este es el principal, por no decir el único argumento, que el director del New York Times, Bill Keller utiliza en su respuesta a Richard Posner, el juez que daba el otro día malas noticias sobre el periodismo. No es verdad que no sepamos ir contra nuestros intereses, la prueba es que publicamos a Posner, viene a decir Bill Keller en el último párrafo de su texto escaso e irritado. El argumento tiene el mismo crédito que, a partir de ahora, tendrán las Cartas al Director del New York Times. Porque ya se sabe que no las lee el director. Keller (el director) replicó a Posner con una carta al director. En realidad que el director no las lea es la hipótesis más bondadosa. No es una anécdota que el director se escriba a sí mismo. Todo lo contrario: es una metáfora excelente de los laberintos que acechan a un director de periódico. Pero, sobre todo, es una metáfora del asunto Posner y del “We published Posner”. Este es el primer párrafo de la carta de Keller. “Richard A. Posner has a famously prodigious and provocative mind. I always pick up a Posner essay expecting to be challenged by an original argument. So it was disheartening that his review of the latest crop of press-bashing books was mostly a regurgitation, as tendentious and cynical as the worst of the books he consumed.” Una estampida, en efecto. Regurgitado, tendencioso y cínico. La pregunta salta y no puedo sujetarla, encabritada. ¿Por qué publicamos Posner? Pues bien, publicamos Posner porque tiene razón Posner. Porque, entre otras muchas galas que nos embellecen, publicamos artículos regurgitados, tendenciosos y cínicos que tienen (así ha de pensarse, dados los calificativos) un lejanísimo parentesco con la verdad, y lo sabemos. Y lo hacemos porque hace mucho tiempo que no leemos los artículos, sino sólo sus firmas, resbalando por la pendiente del sentido como por el epígrafe Cartas al Director resbalamos. Porque la publicación de un determinado artículo es, casi siempre, el resultado de un cálculo estratégico, de un equilibrio vergonzante, de un compromiso anular. Porque hemos cambiado el debate por el balance. ¡Y ojalá se tratara sólo del balance económico! Es decir, la verdad por la balanza. ¿Por qué publicamos esa leche agria de Posner? Para poder decir “We published…” Estamos en que publicar artículos regurgitantes, tendenciosos y cínicos es lo que salva el honor de los periódicos. Estamos a esas alturas del honor. True to life, Keller.




