27 de julio de 2005

Esta palabra absurda. Paccionada. Paccionado. Paccionar. Por vía intramuscular. Estas palabras traseras me alegran la vida. Para el diccionario no es más que un polvoriento anacronismo. Y no digamos para la vida. Vivió su momento de gloria en 1841, con la llamada Ley Paccionada. Parece que Navarra renunciaba a ser reino a cambio de obtener una amplia capacidad de autogobernarse. La palabra me saltó el otro día a los ojos desde un editorial de El País. Suerte de las reglamentarias gafas de soldador. “El carácter paccionado del estatuto”, y se referían al de Cataluña. Por supuesto la frase hubiese ido fresca, comprensible y moderna con “carácter pactado”. Pero de haberle puesto los grilletes infamantes (y tan merecidos) de la cursiva, paccionado era la palabra adecuada. Al fin y al cabo estaban hablando de los nacionalistas y siempre conviene llamar a las cosas por su nombre. El nacionalismo está llegando a tal grado de ininteligibilidad que conviene darle lo que pida. Pacer? ¡Qué pazca! El carácter paccionado. Rastreé. No fue difícil, gracias a Esquerra Republicana. Tiene colgada en su web la página 366 (diciembre de 2002) del Boletín Oficial del Parlamento de Cataluña, donde se exponen los trabajos de una comisión de estudio para la profundización del autogobierno. Allí estaba, con su par. La comisión pedía la “actualización paccionada” de los “derechos históricos”. Era la primera vez que se hablaba en el parlamento catalán de derechos históricos. O de pacciones. Luego han empezado a aparecer de la mano de Esquerra y Convergencia en el actual debate estatutario. No creo que Cataluña tenga menos derechos históricos que Navarra y el País Vasco, por supuesto. Cataluña no tiene ningún derecho histórico. Pero es verdad que, a diferencia de Navarra o el País Vasco, no tiene leyes relativamente modernas a que acogerse. De ahí que se acoja a paccionado. Que vaya diseminándola. Disimulando. Hoy, uno no es nadie si no está paccionado. La naturalidad en el uso de la palabra puede acabar convenciendo. Qué soltura y qué solera. El Estatuto paccionado. Los socialistas dicen hoy que no aceptarán la invocación de los derechos históricos. Tal vez no aguanten más la pourriture innoble de estas palabras y de la propia discusión estatutaria. Quizá. Para empezar a ventilarse, sin embargo, no está de más recordar que las conclusiones de esa comisión de autogobierno, los derechos históricos, la pacción y la infección, fueron aprobados con su explícito apoyo.

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