26 de julio de 2005

Terroristas suicidas, estos religiosos. Quiá. Más bien un tránsito. Hay quien los compara con los anarquistas, y en general con todos aquellos que se mostraban dispuestos a dar la vida por una idea. ¡Un respeto! Éstos morían por una idea y los religiosos viven (resucitan) por ella. La gran novedad del mundo moderno ni siquiera es que el hombre sea capaz de acabar con su especie. Esta novedad empalidece ante la evidencia de que un número creciente de hombres aceptan humilde y resignadamente, con una fría capacidad de olvido, que morirán para siempre, y nunca más verán a su padre. Lástima no dedicarse al cultivo de la prosa poética para escribir que el gesto del terrorismo suicida sólo es el desgarro criminal ante un mundo sin dios, la última y bárbara resistencia.

Leído el calendario de Mikel Antza para la liberación de Euskadi cabe pronosticar que el primer terrorista excarcelado lo será antes que Ahmed Tommouhi.

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