25 de julio de 2005
Amador del Ángel Herrera es periodista en la ciudad de Laredo. Como dice en El País ya ha perdido la cuenta de los crímenes de los que ha informado. El narcotráfico. Los jefes de Herrera le prohíben que utilice en sus informaciones palabras como “narco”, “sicario”, “gatillero”. Él mismo remacha: “Cuando doy cuenta de un asesinato hablo de “victimado” o de “muerte violenta”. No de “crímenes” ni de “disputa de territorios”. Doy el hecho y nada más. No me meto en problemas”. Doy el hecho y nada más. Como si dar el hecho pudiera separarse de los problemas. A pesar de todo se entiende la prudencia de Herrera. Supongo que siendo periodista de crímenes en Laredo la vida es también un eufemismo. Las palabras son muy importantes. Y los criminales empiezan por ellas. La Bbc, también. Hoy escribe Sartori en El Mundo sobre las palabras de la cadena británica. “Para la Bbc los terroristas irlandeses son “criminales”; los palestinos, “militantes”; los islamistas de Londres, “los que ponen las bombas”. Se queja Sartori de que la Bbc no hable de “terroristas”. Dice cosas de una hermosa sensatez. Los jefes de la Bbc nada tienen que ver con los jefes de Herrera. No salvan la vida mediante las palabras. Sólo el honor. El honor profesional. Les parece que “terroristas” es una palabra militante, que no describe objetivamente la realidad. Un razonamiento muy débil. “Terrorismo” es una palabra técnicamente precisa. Un acto de violencia política que sólo persigue daños colaterales. Contrariamente a lo que dice Sartori no es cierto que “si no dices ‘terrorismo’ haces desaparecer la realidad que encierra”. La realidad no desparece porque no la menciones. Lo que desaparece o se difumina es nuestra resistencia moral ante la realidad. Nuestra capacidad de aislarla y de combatirla. Nuestra preparación técnica. Sólo hay un fondo en el razonamiento de la Bbc: no llaman “terrorista” a Bin Laden porque no se atreven a llamar “terrorista” a Bush. La objetividad confundida con la higiene de manos. Y el incumplimiento del principal deber del escritor, que es hallar células de sentido.
•
Siete Tours y un cáncer vencido. Y no. El ciclista Armstrong pone en cuestión el pliego de condiciones necesario para ser un mito mediático.




