28 de junio de 2005
El presidente del Gobierno y el historiador Junco coinciden. Esta vez el nuevo subidón retórico de Zapatero resulta mucho más eficaz. Lo que Zapatero dice en una frase (“Las palabras han de estar al servicio de la política y no la política al servicio de las palabras”) le ocupa a Junco un artículo entero, que acaba con esta penetrante recomendación: “Lo importante es la negociación política y el pragmatismo”. Yo creo que ambos debieran atreverse a dar un paso más y decir: “La verdad ha de estar al servicio de la política y no la política al servicio de la verdad”. Pero, naturalmente, dudo que lo hagan: sería tanto como decir la verdad. Que, bien se sabe, no es la función principal de las palabras.
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Los disidentes de Agora Socialista escriben un artículo en Abc. Lo titulan “Somos catalanes (I)”, y dado el título me echo a temblar. Inmediatamente dicen que no van a pedir permiso a nadie para serlo (catalanes). Como si ya no lo hubiesen hecho desde el principio. Pero, en fin, la cuestión principal es el pareado: “Unos somos catalanes de Archidona y otros de Argentona”. Éste es el problema fundamental del estado de ánimo catalán. No. Los de Archidona no son catalanes. Son españoles. Como los de Argentona.
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A Ramoneda le parece bien que el aprendizaje de la lengua catalana sea uno de los peajes que tenga que pagar el que quiera ser alguien. Pero la vistosa afirmación ignora dos problemas fundamentales: antes de ser alguien (es decir siendo un niño) aprender una lengua no supone un peaje. Como máximo supone un peaje en vía T. El grave y creciente problema de Cataluña, y de su cultura, es otro: que el que ya es alguien no quiera pagar el peaje y vaya a hacerse el alguien a otra parte. La meritocracia exige un acuerdo previo entre los firmantes. Sobre el mérito.
Escrito en Barcelona, a las 10.46. y Miguel Ángel Aguilar, yo te saludo: “Valdría la pena una ambición más discreta de modo que ni Zerolo ni Alcaraz se convirtieran en la medida de todas las cosas”.




