30 de mayo de 2005

No veo una una campaña electoral donde el mensaje mediático haya recibido semejante trato. Desde luego, nada que ver con las elecciones norteamericanas. Comparado con lo que acaba de suceder en Francia, la mayoritaria decantación por Kerry de los medios norteamericanos fue una anécdota. En los medios de Francia, y a favor del sí, “tous les jours une image, tous les jours un mensonge”, como escribió Schneidermann, votante ouiste. El no europeo es también un tremendo no mediático. Se comprende muy bien lo que hay al fondo del párrafo de July, el director de Libération: “A l’arrivée, un désastre général et une épidémie de populisme qui emportent tout sur leur passage, la construction européenne, l’élargissement, les élites, la régulation du libéralisme, le réformisme, l’internationalisme, même la générosité”. Lo que hay en el fondo es lo que no cita: el desprecio de la mayoría de los franceses por la retórica de la persuasión mediática. No me parece muy significativo el pequeño descenso de audiencia de los medios tradicionales, empezando por los periódicos. El consumo mediático, en referencia a lo que pasa, sigue siendo uno de los grandes negocios de la época. Otra cosa es respecto a lo que tiene que pasar. Los medios han dejado de ser persuasivos. Es probable que la persuasión haya estallado en mil pedazos: radios, televisiones, periódicos, revistas, libros, cine, blogs, webs, foros. O es probable que la audiencia haya tomado sus decisiones observando justamente la unanimidad de los medios, y decidiendo —lo contrario— en consecuencia. La consigna mediática del sí sólo la han seguido unánimemente los ricos y felices. Dice hoy Le Monde, en su comparación de resultados con la ratificación del tratado de Maastrich: “Au-delà du rapport de forces électoral, l’asymétrie entre les deux scrutins se vérifie dans la sociologie du vote. En 2005, seuls les cadres supérieurs et professions intellectuelles ont voté oui (à 65 %, comme en 1992). Les catégories populaires ou modestes ont elles voté non, mais en accentuant leur vote par rapport à 1992 : 79 % pour le non parmi les ouvriers (hausse de 18 points), 67 % parmi les employés (hausse de 14 points). Le basculement se fait parmi les catégories moyennes – les professions intermédiaires – qui votaient oui (à 62 %) et votent désormais non à 53 %, signe du malaise social profond qui touche le pays et souligne le niveau d’inquiétude face à une Europe accusée de ne pas protéger suffisamment les salariés face à la mondialisation.”

La percepción de que el periodismo (y no sólo los periodistas) forma parte exclusiva de las élites se afianza después de los resultados franceses. La pregunta es cuáles son, entonces, los nuevos mecanismos de formación de la opinión pública y cómo se está configurando un nuevo consenso social basado en el desacuerdo.

Escrito en Barcelona, a las 10.55. extrañado de que el obispo Uriarte haya esperado hasta hoy para pedirle a Dios (Jaungoikoa)

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