26 de abril de 2005

Carod, dirigente de Esquerra Republicana, pretende que el nuevo Estatuto de Cataluña (la Constitución regional) incluya el reconocimiento del derecho de autodeterminación. Su propuesta no tiene la más mínima importancia práctica y ninguna posibilidad de incluirse en el nuevo Estatuto. Entre otras cosas porque ya está incluida en la propuesta del partido mayoritario, los socialistas catalanes, cuando declaran que Cataluña es una nación y que como tal nación, en el uso de su capacidad de autogobierno, deciden permanecer en el Estado español, que se está bien. Hasta la redacción final del Estatuto estos hipócritas juegos de manos serán habituales. E incluirán también la burda falsificación de la historia como cuando Carod, para afianzar la legitimidad de su propuesta, alude al Estatuto del 1931. Tal Estatuto nunca existió. Existió una propuesta, que muy modificada dio lugar al Estauto de Núria, un año después. En el preámbulo de esa propuesta, una pieza irrisoria, redactada con sintaxis acartonada, puramente ilegible se menciona la palabra “autodeterminación”. En estos términos intraducibles: “La Diputació provisional de la Generalitat de Catalunya en la redacció del projecte únic d’Estatut ha partit del dret que té Catalunya, com a poble, a l’autodeterminació de la restauració de la unitat catalana en proclamar-se la República”. La restauración autodeterminada. Así ha ido todo. El preámbulo desapareció del texto aprobado así como cualquier referencia a la autodeterminación. Hasta el punto de que el Estatuto de Núria en su primer artículo estableció: “Catalunya es constitueix en regió autònoma dins de l’Estat espanyol, d’acord amb la Constitució de la República i el present Estatut.” Clara, escueta y razonablemente. Al menos, sintácticamente autodeterminados.

“La mesa nacional de Batasuna reconoce que con la lista del Partido Comunista de las Tierras Vascas ha logrado burlar la Ley de Partidos”. ¡Qué más quisiera el periódico! Un burlador arrepentido que reconociera su agravio, con el que negociar abiertamente el precio político de los pecados.
Escrito en Barcelona, a las 10.59, cuando Adriana Varela se iba a la cama.

Comments are closed.

-->