25 de abril de 2005

Ahmed Tommouhi lleva 4.900 días en la cárcel. No debería llegar a los cinco mil. Ni siquiera a los 4999. En resumen.

El muy ingenuo Zapatero. Impele a los del Pp a que miren a los homosexuales a la cara. Donde no hay peligro.

La propuesta de suprimir las corridas de toros. Es irrelevante la discusión de sus aspectos políticos. Esquerra Republicana prohibiría la tortilla de patatas (sense ceba), si pudiera. Desde el proteccionismo animal, sucede lo mismo. Los animales son sacrificados por razones estéticas en los mares, en los bosques y en las granjas. En muchos casos es importante el proceso: en la pesca de altura, por ejemplo, donde el bicho y el hombre suelen mantener pulsos desgarradores (desgarradores, sobre todo, por los anzuelos) o en la cría del pato donde el hígado debe ir explotando lentamente. Es perfectamente justo que el hombre se plantee la revisión de sus relaciones con los animales. Es algo que sólo puede hacer el hombre. Si quiere revisar únicamente sus relaciones con el toro bravo deberá explicar por qué el toro es un capítulo aparte. Pero más allá de los aspectos políticos o proteccionistas en la propuesta de prohibición hay el deseo apenas fingido de librar a los hombres de una ocasión de envilecimiento. Son buena gente y quieren salvar a los taurinos de sí mismos. Reformarlos. Porque es evidente que los prohibicionistas no sufren el rito taurino. El rito sucede en lugares cerrados, con poca publicidad previa y posterior, y es fácil que el desinteresado evite sus tragos morales. Ese derecho de intervención moral me parece razonable. Yo estoy en contra de la esclavitud, con independencia de que el esclavo considere placentero su estatus. Pero ese anhelo de reforma no debe acometerse atendiendo a la debilidad de los eslabones sujetos a examen. Como es natural la reforma debe planearse en razón de los estragos causados. Otra cosa sería tan inmoral como ocuparse de la lira mientras hay hambre. Es evidente que plantearse la reeducación del taurino es relativamente sencillo. Se trata de un pequeño y decadente negocio. Y, sin embargo, su relación costo/beneficio es magnífica. Cuesta poco acabar con los toros: apenas basta un puntillero, de los que sobran en Esquerra Republicana. Pero el beneficio simbólico es enorme. En cambio, sería mucho más complicado acabar con otras formas más graves y más extendidas de envilecimiento. El gran espectáculo de la prostitución, por ejemplo. Con el que es muy procedente comparar los toritos. Este espectáculo de las putas, creciente en las ciudades, en los periódicos, en las televisiones se suele justificar argumentando que ellas quieren, y son libres de querer. Me parece un argumento eficaz. Yo les digo que los toros también quieren, y que por eso vamos a la gran corrida. El buenismo. Sobre todo, un toreo de salón.

Escrito a las 10.58, en Barcelona, grandola vila morena

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