25 de marzo de 2005
Exactamente. Lo que está pasando.
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En el día de la gran metáfora, la Bbc da cuenta de un estudio de la Universidad de California sobre la parte sinestésica del asunto. Es un pequeño paso para el artista y un gran paso para la Humanidad. Por fin la metáfora va encontrando su lugar en el mundo, que no es otro que el de la enfermedad. Y empiezan a caer los mitos. Rimbaud no era sinestésico. Lo dice la investigadora Simmer: “Las personas con sinestesia tienden a percibir la letra A de color rojo”. Un simple farsante:
A noir, E blanc, I rouge, U vert, O bleu : voyelles,
Je dirai quelque jour vos naissances latentes :
A, noir corset velu des mouches éclatantes
Qui bombinent autour des puanteurs cruelles.
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El reportaje de El Mundo Tv sobre el 191M. Muchos problemas. Muy interesante. La utilización de elementos ficcionales es tan natural que, a veces se ven obligados a introducir rótulos que advierten: “Imágenes reales/Escenarios reales”. Justo lo contrario de lo que pasaba al principio del mundo, cuando cualquier grieta de ficción en la faction se advertía con la contundencia del “Peligro de muerte/Descarga eléctrica”. La utilización de actores es constante. Como la dramatización de escenas. Sucede algo sensacional con este recurso. Los actores son de cuarta y la dramatización irrisoria. Sólo hay que ver cómo resuelven el suicidio de Leganés. Sin embargo, esta tosquedad trabaja a favor del reportaje. Es evidente que cualquier espectador mínimamente atento sabe que estas imágenes no pueden ser reales. Pero están tan mal hechas que parecen ciertas. El siniestro paraíso del sí es no es, y barato. Las escenas ficcionales suelen utilizarse como nexos narrativos. Es decir, muestran, por ejemplo, a los terroristas del 191M saliendo de la casa de Tajuña la mañana de la matanza, o preparando las bombas unos días antes. En principio uno puede tender a disculpar el artificio. Al fin y al cabo estas imágenes parecen caber en frases del tipo: “A las seis de la mañana salieron en dirección a Atocha” O bien: “Prepararon las mochilas en la casa de Tajuña”. Frases ciertas y perfectamente posibles en un reportaje. Es evidente que los actores hacen de terroristas. También la palabra mochila hace de mochila. Pero a menos que uno no esté enfermo de sinestesia, no ve nada en la palabra. Camina por ella, simplemente. Como por un camino conocido. En la palabra no ve nada que deba encarar obligatoriamente con lo real. La mochila filmada (una mochila cualquiera, claro) ofrece una exuberancia de datos insoportable: tamaño, color, textura y cientos de otros detalles. No funciona. Es. Imita. No representa. Algo similar a lo que ocurre con los diálogos en un reportaje. La diferencia entre “Le dije que la quería” y “Te quiero”. El primero representa lo real y el segundo lo imita. La narración y la ventrilocución.
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Esto de Entre copas, este simpático y pedagógico ejercicio para parvulillos, que es al cine francés lo que el Napa Valley a Sant Émilion.




