26 de febrero de 2005

Es sumamente interesante la transcripción (pdf) de la sesión del jueves en el parlamento regional de Cataluña. Lo es desde el título. Transcripció en brut (en sucio) le llaman al documento, exhibiendo con ingenuidad el aire enrarecido, familiar y sudado que suelen tener las cosas (y ya no digamos las palabras) en Cataluña. El resto de la transcripción permite apreciar algunos detalles del enfrentamiento entre el presidente del gobierno regional, Pasqual Maragall y el jefe de la oposición, Artur Mas. En primer lugar el amago de Maragall que en una primera réplica a su adversario le va diciendo que tiene la cua de palla y algo que ocultar. Acusaciones que el diputado Mas ignora en su intervención posterior, centrada en la responsabilidad política gubernamental en el asunto del Carmelo. Cuando Mas acaba, el presidente se levanta de nuevo. Y dice textualmente, en bruto.

—Si, no, molt breument, perquè penso que efectivament hem tocat el moll de l’os. Vostès tenen un problema i aquest problema es diu 3 per cent.

¿El 3 por ciento? Una frase ininteligible. Hasta ahora el 3 por ciento no era en absoluto un lugar común. Puede que en algún argot mafioso lo fuera, pero en absoluto fuera de allí. Conozco dos ingenieros que discutían sobre el papel de los arquitectos en la obra pública. Uno se le quejaba a al otro de que los arquitectos, firmando, se llevaban la gloria. El otro le contestó: “Sí, pero nosotros decidimos quién se lleva el 3 por ciento”. De hecho la expresión la había llevado a los titulares, por vez primera, un editorial de El Periodico, aquella misma mañana. “Si aflorase un 3 por ciento de la verdad en el Carmel…” titulaba. Y el editorial acababa, en cua de peix: “Llega la hora de investigar, por ejemplo, si todo lo que se dice en Catalunya sobre el destino del 3% del dinero de las obras públicas adjudicadas años atrás ha acabado influyendo en el grosor de los encofrados o en el número de catas de la obra del Carmel. También es la hora de lamentar que la nueva Administración catalana esté tardando tanto tiempo en sentar, de una vez, unas nuevas reglas de juego en las adjudicaciones”.

Hojeados los resúmenes de prensa de la mañana, el señor presidente se metió ese editorial en la boca como si fuera un tofe y fue dándole vueltas. Hasta que lo dejó ir. Lo extraordinario es que el diputado Mas le contestara:

—…usted ha perdido completamente los papeles.

Desde luego, el señor Mas sabía de qué le hablaba. Como mínimo también había leído los resúmenes de prensa. Pero lo extraordinario, y tan significativo, es que no saliera a la tribuna y dijera:

—¿El 3 por ciento? ¿Qué es eso? ¿A qué se refiere? ¿Su coeficiente mental, tal vez?

Nada de eso. “Usted ha perdido completamente los papeles”. O sea. Sé de qué me habla y no debiera haber hablado de eso.

La misma naturalidad y ajenidad de un semoviente al otro lado de los cristales del peep show.

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