24 de febrero de 2005

El cuadro clínico del presidente del Gobierno. Empieza a cundir la preocupación. En febrero se le diagnosticó una epífora: “Si queremos actuar juntos debemos decidir juntos”. Aunque se le recomendó tratamiento, los facultativos no le prestaron demasiada importancia. Se le recomendó, eso sí, un control rutinario de la evacuación. El martes pasado, sin embargo, hubo de ser tratado de urgencia en Bruselas: “Si vivimos juntos, juntos debemos decidir”. Los médicos arrugaron el ceño. Se trataba de otra figura de repetición de miembros iguales, aunque en el primer caso la repetición era a distancia y en el segundo —y esto es lo que más preocupaba a los facultativos por la posibilidad de un virus mutante— contigua. La anamnesis realizada por los doctores belgas reveló más datos ocultos. Al parecer en una reunión reciente del Comité Federal el paciente volvió a presentar trastornos epifóricos en medio de una agria discusión sobre el futuro de la organización del Estado: “Los ciudadanos están tranquilos porque su presidente está tranquilo”. Y lo que fue mucho peor. Según relataba, aunque con un punto de incoherencia, el mismo paciente, poco rato después proclamó: “Los miembros de la Ejecutiva están tranquilos porque Juan Carlos está nervioso”. Juan Carlos era su compañero Rodríguez Ibarra, precisó el paciente. Aún hoy los médicos no saben interpretar con precisión el nuevo abceso. Evidentemente delataba la conocida presencia de una epífora, pero compatible, y esto era lo más preocupante, con una antítesis, lo que suponía la extensión del problema del ámbito de la dicción al pensamiento.

A pesar de todo los médicos autorizaron el retorno del presidente a casa, aunque con un exhaustivo informe para sus facultativos locales, dirigido a Miguel Barroso. Probablemente no dio tiempo siquiera a aplicarlo. Ayer el presidente, para honda aflicción de sus allegados, dijo, y en pleno Congreso: “Izquierda Unida está contenta con el referéndum, luego yo estoy incluso más contento que el domingo, porque todos estamos contentos.” La progresión de la enfermedad ya no dejaba lugar a dudas. Forzados por los medios de comunicación, los facultativos emitieron a última hora de la noche un parte sombrío: “Repetición y clímax ascendente”. Cualquier versado en la jerga abstrusa sabe lo que hay detrás de estas palabras. Sólo aguarda un último escalón. “Repetición y clímax descendente”. Es decir, el final profetizado en los términos que estableció Góngora:

“En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”

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