23 de febrero de 2005

(Tener un discurso y aplicarlo)

“No es que Zapatero permaneciera callado el resto del día. Intervino durante el almuerzo con los aliados para afirmar que la igualdad y el respeto mutuo son la base de la cooperación. ‘Si queremos actuar juntos, debemos decidir juntos” (El País, cumbre de la Unión Europea y Estados Unidos, 22 de febrero 2005)

“Señor Ibarretxe, si vivimos juntos, juntos debemos decidir” (J.L. Rodríguez Zapatero en su réplica a Ibarretxe, 1 de febrero del 2005)

Mierda y cabrón. Hunter S. Thompson se suicida. La familia pide que se respete su privacidad. La privacidad dice la familia de Hunter S.Thompson ¿En qué ha quedado el periodismo gonzo, de golfo y bonzo? ¿Quién es el legítimo heredero de las prácticas melodramáticas de Hunter S. Thompson? ¡Premio para el caballero! Michael Moore, en efecto. ¿Qué mas gonzo? ¿Qué más golfo? ¿Qué más artista plástico que el gordo del gorro metiendo sus manazas en el Alzheimer de Heston? Sólo le faltó darle una buena patada en los cojones, o en lo quedara de ellos. Entonces habría alcanzado el punto adonde llegó Hunter S. Thompson, barrica. Lo decía bien Chillón en uno de sus libros sobre el periodismo, aunque no estoy seguro de que calibrara con exactitud las consecuencias. Venía a decir que Agee acompañaba a sus pobres personajes (¡celebremos a los hombres ahumados!), una mano en el hombro, una leve distancia (Agee leído por otros es extraordinariamente seductor y es conveniente que el lector se mantenga siempre en esa tesitura y no trate de hacerse el milhomes leyéndolo sin eco). Thompson, por contraste, era uno de sus personajes y no se trataba bien. Insultos y abucheos. Tan mal se trataba que se ha pegado un tiro y lo que es peor sin poder hacer la crónica de su último espectáculo. Lo gonzo fue sobre todo la construcción del espectáculo y su narración acharolada. Por supuesto Thompson no inventó el periodista que se proclama el amo de la pista (y si es el boxeador, bum, bum, golpea que es un primor). Años antes la senyoreta Irene Polo ja ens havia explicat com va lograr que l’entrevistés el senyor Cambó. Pero lo hizo en bravucón, Thompson. Hubo un tiempo en que nos gustaba ver cómo un periodista humillaba a las azafatas (de Nixon) y cómo nos lo contaba. Es extraño, pero así es la vida. Es muy probable que la vida sea obra de especialistas llegados de otro planeta.

Ese tipo Moore es lo que queda.

Peor que antes, como es natural.

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