22 de febrero de 2005

Para mi sorpresa, y habiendo como había una persona inteligente, el Comité de Sabios no manda hacer con televisión española lo mismo que se hizo con la Prensa del Movimiento (¡presente!), o con la siderurgia y los astilleros (¡al sol!). Es decir, convertirla en una agencia audiovisual de noticias, con sedes en las capitales de provincias. En el exponente (discutible, pero asumible en sus justas dimensiones) del terror algo pueril del poder político a que su voz no se escuche en situaciones de urgencia, necesidad o crisis. En el exponente, al fin, de su desconfianza ante la mediación periodística (no otra cosa es el sentido, hoy, de unos medios públicos), de su salvaguardia íntima y última ante los estragos de la democracia. Para mi sorpresa, y dada esa inteligencia, el comité de sabios sigue proponiendo una televisión de variedades, cuya única función real es el enganche de audiencia que pueda representar para la diseminación del mensaje político hegemónico. Una televisión plenamente basada en el modelo tevetrés, es decir, variedades al servicio de la jibarización social, cultural y política. No en vano la televisión autonómica catalana (y en menor medida la vasca) es el último y más exitoso ejemplo de una televisión totalitaria en sentido prístino: la codiseñadora y principal ejecutora de una cosmovisión santera que ha llevado a Cataluña, como ya es estadísticamente comprobable, a la cola de Europa. Ella que quiso ser coda. Habiendo una inteligencia me sorprende esa perseverancia. E incluso sus paralelismo estéticos. Si la santería ontológica de tevetrés se quiso maquillar con neones y anorexias, a ésta de hora le administra lengüetazo el logopeda: “Se trata de asegurar los derechos humanos de nuestros ojos”.

Dios mío.

Y aún. Un comité que da recetas contra la injerencia política en la televisión pública cuando es la injerencia política la única razón de ser de la televisión pública. Ni una palabra, claro está, sobre la protección que ha de recibir el redactor que aquí, allá o acullá (público, privado o mixto (también llamado bikini) se planta y dice no, porque sabe que el primer responsable de una mentira es el que la redacta.

Comments are closed.

-->