25 de diciembre de 2004

El diario Abc ilustra su resumen del año con una foto de la matanza de Madrid que podría ser la de un choque de trenes algo fuerte. El efecto Manjón. Uno de sus editoriales lo justifica: “Son imágenes que pretenden mostrar la dimensión de la tragedia en la que no aparecen las víctimas mortales de la masacre. Por respeto a su memoria y también por respeto a la profesión periodística”. ¡Por respeto a la profesión periodística! La respetuosa foto de la estación de Atocha ocupa toda la página 44 del periódico. En la 43, gozando de su colocación impar, se reproduce, prácticamente a toda página también, la secuencia de la muerte de un palestino por el disparo de un soldado israelí. Cinco fotos. Desde que recibe el disparo e intenta taponar su herida en el pecho con las manos hasta que cae exangüe. La muerte. En lo que la muerte puede verse. La obscenidad del contraste (ahí va ese mínimo palestino exhibido sólo por la pasta, la pasta de haber podido filmar su agonía) provoca arcadas espada.

El País también encaja el efecto Manjón en su resumen. Y vela, “por respeto a las víctimas” (dice el pie), la extraordinaria, humanísima, honda y respetuosa fotografía de Pablo Torres en la estación de Atocha, uno de los monumentos del género. La foto forma parte de un buen reportaje donde se evoca la suerte de dos de los caídos en la foto, Sergio Palacios y Lourdes Beltrán. En realidad, velarla, para destacar así la figura de los dos supervivientes, habría sido un razonable y justificado recurso técnico. Pero el pie reclama la adhesión a la nueva moralidad vigente. Si le dan a Pablo Torres el World Press Photo, como merece, vamos a ver qué sucede con las veladuras.

Entre tanto, después de nueve meses de la matanza, y de una comisión de investigación cerrada con el testimonio de las víctimas e innumerables golpes de pecho, el Rey de España todavía no sabe cuántos muertos hubo en Atocha. El difuminado. El respeto a las víctimas.

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