29 de agosto de 2004
El 18 de julio o el 20 de agosto prueban que las grandes y terribles noticias se producen en verano. Como suele suceder su primera aparición en los medios apenas pasa de un chispazo. Toda la ligereza que exhiben los medios en el uso del adjetivo histórico (sin que jamás les parezca necesario atender a la historia) se torna en una pereza paradójica a la hora de dar un tratamiento histórico al proceso de emergencia de acontecimientos. Un grupo terrorista ha secuestrado a dos periodistas franceses. Para liberarlos no exigen al Estado francés ninguna medida relacionada con lo que se entiende, convencionalmente, como política exterior. Exigen la retirada de la ley del velo. No recuerdo ningún otro chantaje parecido al Estado democrático. Lo trascendental en esta noticia es la denotación. El terrorismo islámico exige la desaparición del orden ilustrado. Hasta ahora se trataba sólo de una metáfora. Ampliamente divulgada por los opinadores. Es impresionante comprobar que, convertida en hecho, sólo provoque la indiferencia de los informadores.
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Leyendo ayer los descubrimientos de Wierzbicka y sus universales lingüísticos me extrañó, com a nick Roger, que el periódico no dijera: “Desmentida la confirmación de la hipótesis de Whorf”. Al tiempo me chocó que Wierzbicka, corasón loco, fuese a la vez relativista y universalista, y fue un raro placer observar que también otros se mostraran shocked.




