26 de agosto de 2004

Dos aviones rusos, de modelos y compañías diferentes, cayeron la otra noche, desde el cielo ruso, casi simultáneamente. Con sólo dos minutos de diferencia. Habían salido del mismo aeropuerto. Pero con una hora de intervalo. Seguían rutas diferentes. Y se estrellaron en dos lugares separados por cientos de kilómetros.

Visto, y aún parpadeo y va a durarme todo el día, el exquisito y aséptico equilibrio accidente/atentado con el que los periódicos tratan este arsenal hipotético, yo he sacado mis cuentas. La media. Mi cuarto a espada. Uno cayó por accidente y el otro por atentado.

Si algo caracterizó mi triste juventud fue las historias edificantes. Y ahora las fábulas de la prensa socialdemócrata, en la edad madura. El gobierno anuncia martes una decisión y ahí va jueves la p/s con el carretón de mermelada. En la portada. El empleador de Ruth Merchán, la ecuatoriana, que no tiene papeles. Ahora llaman empleador al amo. El empleador, en una noble muestra de modestia, ha pedido al periódico que difuminen su cara. Como no tiene edad para para ser hijo de Zapatero, debe de ser que renuncia al oropel. Hasta cierto punto, claro. Porque el leve difuminado no sólo permite reconocerlo sin esfuerzo, sino que subraya su lugar en la portada y en el mundo y reclama poderosamente la atención del lector. El difuminado (nobabosanova) se repite en la página interior. Con el efecto multiplicado. Por la narración.

Párrafos a voleo.

“El nacimiento de Diego, su primer hijo, obligó a este matrimonio a buscar una persona que se hiciera cargo del “enano”. “Un conocido nos habló de ella y nos dio muy buenas referencias”, explica Gallego en el estudio de su casa. “No ibamos a dejar el niño con cualquiera”

[Palabras claves: enano, referencias, estudio, cualquiera]

“Queríamos que Ruth tuviera los papeles, tanto por ella como por nosotros, que siempre hemos sido conscientes de que emplear a alguien indocumentado es ilegal”

[Palabras clave: ella, nosotros, conscientes, ilegal]

“Ruth lleva ya dos años con esta familia. Diego, “mi gordito”, como ella llama cariñosamente al benjamín, es el niño de sus ojos. Se siente como pez en el agua con las tareas domésticas. (…) [la mujer] se confiesa más “amiga” que “empleada” de su “señora”

[palabras clave; pez, agua, amiga, señora]

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