29 de julio de 2004
Lcpst. ¿Cómo se puede decir que mintiera un gobierno que trabajó casi en directo (¡ah, cómo le perdió la fast truth!), que facilitó todas las informaciones relevantes de que se dispusieron entre el 11 y el 14 de marzo, que no tuvo que encarar en ningún momento indeseables descubrimientos de la prensa o de la oposición, y los que tuvo que encarar (terroristas suicidas) se demostraron falsos; que detuvo a presuntos terroristas islámicos —y así lo dijo— pocas horas antes de la apertura de los colegios electorales; que hasta cuando se empeñó patéticamente en desmentir los propios hechos que él mismo iba mostrando estaba diciendo la verdad, sí, la verdad, ésta: “Oh, cómo desearía que fuese Eta, y que fuese falso todo esto que estoy diciendo”?
¡Cómo se puede decir?
¿Cómo se puede decir que no debe descartarse la conexión inalhámbrica cuando no hay un sólo indicio de ella y todo el andamiaje retórico que justifica su aparición se reduce a rudos apotegmas, tipo “en el terrorismo no hay casualidades”, sandeces de todo a cien, ofensa a la casualidad, a la causalidad y, sobre todo, al antiterrorismo; cómo un ex ministro de Interior, figura destacada del partido que ha colocado al terrorismo etarra en el peor rincón de la historia, puede quebrar las vértebras del discurso de su partido, de su ministerio, su razonabilísimo “el terrorismo mata cuando puede”, su obstinada y racional negativa a la exégesis del acto terrorista y su eficaz e inteligente reducción del terrorismo a la criminalidad; cómo puede un hombre, aunque acosado y resentido, destruir esa paciente y larga lucha contra la mitifación, la conspiración y la exégesis, pretendiendo que se aclare el porqué de la fecha elegida, el ordenante cerebro diabólico y el presunto misterio de que unos vulgares delincuentes se convirtieran en terroristas, como si entre delincuencia y terrorismo hubiese el abismo del bien y del mal, de la razón y de la sinrazón, de lo justificable y lo injustificable?
¡Cómo se puede decir?
Se dice. Dado que éste es un miserable país acostumbrado a combatir las mentiras con mentiras.




