30 de junio de 2004
Janet Malcolm en el último Babelia. Malcolm es la autora de El periodista y el asesino. Un libro importante, lleno de preguntas. No siempre las respuestas de Malcom están a la altura de las preguntas. Lo he leído varias veces y cada vez me han parecido más discutibles algunas de las consideraciones de la autora. Pero el interés no ha menguado. La pregunta central del libro parte del caso del periodista McGuinis, que escribió un libro sobre un asesino ya sentenciado. El libro no habría podido escribirse sin que McGuinis fingiera creer en la inocencia del asesino, se ganara así su confianza y penetrara eficazmente en su intimidad. Una vez hecho todo esto McGuinis lo describió como un ser abyecto y culpable.
En la conducta de McGuinis Janet Malcolm vio la metáfora del periodista. El practicante de un oficio inmoral, basado sistemáticamente en la traición. La metáfora, que está contenida en la primera frase del libro (frase famosa, meramente publicitaria) no tiene mayor interés y me alegra que Malcolm, que es una escritora fina e inteligente, parezca distanciarse elegantemente de ella. Pero con independencia de las metáforas el caso McGuinis sigue ahí: ¿Es legítimo que un periodista engañe a alguien para obtener la verdad? ¿Es legítimo que un periodista convenza a alguien de que cree lo contrario de lo que va a escribir sobre él, a fin de poder escribirlo? Sí. No hace falta insistir que a condición de que lo que escriba sea verdadero.
Creo que McGuinis y Malcolm, circunstancialmente enfrentados en torno de un asesino, comparten un punto de vista: que el periodismo se ocupa de los hombres.
No.
El periodismo se ocupa de los hechos de los hombres. El hombre que desfila por los medios no es un hombre. Es una silueta. Una de mis frases favoritas. De Stephen Frears: “El periodismo se ocupa de los hombres en un instante muy corto de sus vidas”. Uno de los problemas de la recepción de las historias mediáticas es que el público cree que los personajes que aparecen en la televisión, en la radio, en los periódicos, son hombres y tienen una dimensión humana. Es así que el hombre demediado aparece como un modelo a seguir. Y es así como los medios están adelgazando zafiamente la experiencia humana. Malcolm cree que la relación entre el periodista y sus asesinos es una relación humana, sujeta a un pacto de humanidad.
No.
No es un negocio entre hombres. La única obligación ética del periodista es mostrarse como tal ante sus interlocutores. Como un traidor. Que, por lo tanto, no traiciona.
Lo que Malcolm exige a McGuinis (¡humanidad!) resulta chocante. Como si un personaje de ficción le pidiera cuentas al novelista de lo que hace con él.




