4 de junio de 2004

El caso de OhmyNews del que da cuenta hoy Periodista Digital. Un periódico coreano escrito por una multitud de ciudadanos que no son periodistas profesionales. Blogs éxtimos cosidos por unos cuantos editores en una trama común. Los periodistas ciudadanos, como los llama el director de Ohmy, resuelto a acabar con el tradicional oxímoron, cobran por sus notas (muy poco: nadie vive de eso) y están obligados a firmar con su nombre. Un millón diario de visitas. Pálido e ingenuo reflejo, todavía, de lo que viene. La combinación entre la alfabetización paulatina e internet ha provocado un nuevo fenómeno de importancia aún indescriptible: el acceso directo de la fuente al medio. Nick Garganta Profunda ya no cita a Woodward en el aparcamiento: cada noche cuelga su watergate en el dazibao del mundo. Ha de resolver dos problemas: que lo escuchen y que le crean. Para el primero cuenta con google. No es una marca. Es un modo. Un hombre da gritos en la noche a la orilla de un lago africano y está solo. Para desesperación de los apocalípticos, en internet nadie está solo. Aquí no hay grito sin eco. En cuanto a que le crean. Mucho más sencillo. Se trata de que su relato cumpla con las exigencias. Las exigencias se han invertido radicalmente respecto al viejo periódico: en internet todo es mentira hasta que no se demuestre lo contrario. Bien lo saben en sala de máquinas. Donde cada día se imprime Nickjournal, el primero en su género.

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