3 de junio de 2004

Arranca PhotoEspaña. Hay un poco de teoría en El Cultural. La firma Daniel Canogar. Lo que enseñan a los niños en el colegio: “La fotografía es simultáneamente ficción y realidad. El problema es que culturalmente hemos decidido que estos dos términos son opuestos”. Y la habitual palabrería, antes y después, sobre el mito de la objetividad y la realidad construida. El momento interesante es cuando esa palabrería se convierte en inmoral, inexorable destino de los simulacros. Abu Ghraib. Escribe Canogar: “Una demostración de cómo los términos ‘realidad’ y ‘ficción’ han dejado de ser operantes la podemos encontrar en las infames fotografías de tortura y humillación que han salido de la cárcel iraquí de Abu Ghraib. Los actos allí acontecidos han sido escenificados para ser fotografiados, y por ello podrían considerarse documentos ficticios”. Existe lo real y existe lo objetivo como existe la responsabilidad individual. Canogar tiene toda la culpa de hablar así, pero justo es reconocer la influencia del ambiente. El ambiente es Baudrillard, por ejemplo, y sus agónicos discursos sobre la guerra-del-golfo-no-ha-tenido-lugar. Como decía muy bien Susan Sontag esos discursos son una muestra pura y simple de provincianismo cultural y como tal deben tratarse. Es decir, con desprecio. Lo llamativo, sin embargo, es cómo el provincianismo trabaja, incluso, contra las buenas intenciones de los provincianos, transportando sus discursos al núcleo mismo de la maldad que denuncian y haciéndose cómplice inadvertidamente de ella. Porque el párrafo donde Canogar alude a la escenificación de Abu Ghraib se ultima, entre contradicciones delirantes, con los habituales y emotivos gritos de no a la guerra. Pero el griterío no basta. Sólo el torturador puede calificar de ficticios los documentos de Abu Ghraib. Es raro que el buen hombre Canogar elija ese sitio. Para que los documentos fueran objetivamente ficticios el torturado tendría que haber dado sus consentimiento. Es posible que Canogar disponga de documentos que prueben el asentimiento de los presos, su participación convenida en la escenificación: pero debe mostrarlos cuanto antes, porque erradicarían la palabra tortura de esta historia y supondrían una novedad considerable. Mientras tanto seguiremos hablando de tortura. Una ceremonia, en efecto, donde el torturador siempre puede invocar su carácter ficcional. Al fin y al cabo la tortura está muy basada en mecanismos ficcionales como los de la credulidad y su hipotética suspensión. El torturado cree que van a matarle, pero el torturador sabe, casi siempre, hasta dónde puede apretar las clavijas. Es cierto que a veces se producen accidentes, pero, quiá, también se llora con las novelas. Realidad y ficción, que se entreveran. Que el torturador escenifique no convierte la tortura en una escenificación, Canogar, ojo de pez. Ya sabemos que lo real es poliédrico, calidoscópico, múltiple y metastásico. Pero es mala ocurrencia hablar de todo eso en Abu Ghraib. Evacuar consultas sobre la inestabilidad de lo real ante el torturado y el torturador. Claro que no es el primero Canogar. Ha habido muchos intentos de borrar la frontera entre ficción y realidad también sobre el potro de tortura. Vizinczey responsabilizaba a Melville y Billy Budd de la fabricación de la mentira más innoble de la historia de la literatura, esto es, que el torturado puede amar a su verdugo. Toda la pornografía nazi, toda la historia de violencia contra las mujeres se alimentan asimismo de semejante mentira innoble. De la conversión del dolor en una ficción.

Al hilo del excelente artículo de hoy de Patxo Unzueta en El País sólo rematar que el único objetivo del federalismo asimétrico de los socialistas catalanes es acabar con la asimetría financiera entre Euskadi y Cataluña.

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