30 de mayo de 2004

No me extraña la densa palabrería de Susan Sontag sobre el complejo icónico de Abu Ghraib. A la inmensa mayoría de esas fotos les falta su pie. Y la fotografía no es nada sin palabras. Entre las excepciones, es decir, entre las fotos que disponen de un aparato crítico ya suficiente, está la foto de la muy femenina soldado Harman diciéndole a su cadáver je je joda. Dado que se trata de la foto más trascendental del lote hasta ahora conocido y que además está perfectamente ultimada sorprende que se use tan poco en los suplementos. La nueva mujer. A ver Marie Claire, el mes que viene.

Las excusas del New York Times. Hace días la gran dama pidió disculpas por haber publicado noticias falsas sobre la preguerra en Irak. Está muy bien. De paso evitan el trance al resto de diarios. Si el New York Times pide excusas, la prensa pide excusas. Al fin y al cabo el periódico es la principal fuente de miles y miles de periódicos. Lo llamativo es cómo las pide. El diario dice que las mentiras sobrepasan la responsabilidad de los periodistas. Y en el estilo francamente ladino de que suele hacer gala en ocasiones como ésta, inculpa a las fuentes. Son ellas las que mienten. Y no sólo las inculpa, sino que las revela. Lo mismo, por cierto, que hizo la Bbc en el caso Kelly. Algunas de las acusaciones del periódico son conmovedoras. Entre ellas ese reproche a las fuentes que sólo parecen trabajar para sí mismas y sus intereses. La simetría entre el comportamiento de los políticos y el de los periodistas es francamente obscena. Bush culpa a sus espías de haberle proporcionado material defectuoso. Pero ni siquiera insinúa nada sobre las responsabilidades que le corresponden por haber elegido a esos tipos. Lo mismo hace el New York Times con sus fuentes. Hasta un extremo escandaloso. El periódico culpa, apenas veladamente, a Ahmed Chalabi, responsable del Congreso Nacional Iraquí, de haberles engañado. ¿Y cuándo lo hace? ¿Cuándo pide excusas? Ah, ah. Sólo pocos días después de que el gobierno Bush haya dicho que Chalabi los engañó.

Pericay. Entrega en mano, antes de que amanezca. Benda, en plena guerra civil española: “Mi alejamiento de mucha gente «de izquierda» obedece también a otros motivos. Su lagrimeo; el que consientan en golpearse el pecho como si fueran ideas (uno titula un artículo: «¡Gorki ha muerto!», otro una obra: «¡España! ¡España!»); sus indignaciones; sus generosidades desprovistas de toda crítica (pienso en muchos manifiestos que querrían que yo firmara); su gregarismo; el que tantos colegas míos acepten formar parte de «comités», de «ligas», en los que se hunde la individualidad, cuya salvaguarda constituye, no obstante, uno de los pilares de su dogma; el desaliño sistemático de su indumentaria, en la que la pipa y el cuello desabrochado se han convertido en oficiales, todo esto me repugna considerablemente. Por suerte, los Ferry, los Waldeck-Rousseau, los Clemenceau, me han demostrado que demócrata no significa necesariamente plebeyo.”

Comments are closed.

-->