28 de mayo de 2004
El ministro estadounidense de Justicia, John Ashcroft, alerta sobre la posibilidad de que Al Qaeda repita en América el atentado de Madrid, y con las mismas consecuencias.
1. Hasta ahora no hay ningún dato que indique que los autores del atentado de Madrid lo cometieron pensando en la influencia que pudiera tener sobre las elecciones. Tampoco lo que ocurre antes que es forzosamente causa de.
2. No hay pruebas, ni las habrá, de que el atentado cambiara los planes electorales de los españoles. Sí hay dos indicios: las encuestas previas al atentado que daban la victoria al Partido Popular y la encuesta posterior del Cis que sugería la posibilidad de que un número, electoralmente significativo de españoles, cambiase sus planes electorales (en especial pasaron de abstenerse a votar) .
3. En el hipotético cambio de planes influyeron dos hechos: el atentado y la gestión informativa que hizo de éste el gobierno. Hasta ahora no hay un sólo dato que indique que el gobierno ocultó información significativa a la opinión pública. Pero sus opiniones respecto a la fiabilidad de la pista etarra sumadas a las opiniones de un gran número de medios de comunicación públicos y privados respecto a la manipulación informativa que estaba practicando el gobierno hicieron creer a la opinón pública (¡queremos la verdad antes de votar!) que el gobierno ocultaba esa información.
4. Es comprensible que los terroristas traten de adjudicarse el cambio de gobierno en España y la retirada de las tropas de Irak. Menos comprensible y mucho más indignante es que lo hagan los indidividuos racionales. En el cambio de gobierno influyó también decisivamente la actitud del gobierno, de la oposición y de los medios. Y respecto a la retirada de las tropas: no hay duda de que plegarse a la influencia de los terroristas habría sido mantenerlas. Es decir, incumplir una promesa electoral a causa de un atentado.
5. El problema es que existiera esa promesa electoral. La necesidad de que en un Estado haya consenso partidista sobre la política exterior no es retórica, y esta historia siniestra lo prueba. El consenso puede y debe conseguirse de muchos modos; pero, en lo fundamental, reside en la supeditación de la oposición a las decisiones del gobierno. Un ejemplo de política exterior acertada es, sin duda, la actitud de los dos grandes partidos políticos españoles respecto al terrorismo vasco. Pero ni gobierno ni oposición supieron ver que el terrorismo islamista exigía, y exige, la misma actitud.
6. Es comprensible que el ministro Ashcroft recuerde que Al Qaeda puede atentar con fines electorales. Es un modo de contribuir a evitar los hipotéticos efectos electorales. Pero el terrorismo sólo puede influir decisivamente en la opinión pública en la medida en que la opinión pública no crea que lo está haciendo. En la medida que no piense que los terroristas gobiernan su voto. Después de Madrid esto es muchísimo más difícil. De algo habrá servido la obscenidad de algunos análisis.


