26 de mayo de 2004
The International Institute for Strategic Studies (IISS) ha contado los terroristas de que dispone Al Qaeda. Dieciocho mil, diseminados en sesenta países y dispuestos a atacar. No sólo esto: por la pérdida de sus bases en Afganistán “se ha visto obligada a hacerse más descentralizada, virtual e invisible”. ¡Dios mío! En momentos de tan maciza tribulación suelo acudir al refugio del último párrafo, allí donde Chomsky sitúa la huella del grado de verdad de las informaciones. Veo, según la información de El País, que hay análisis sobre la matanza de Madrid y los resultados electorales: “…la reacción del electorado ante lo que se percibió como cinismo del primer ministro saliente, José María Aznar, al insistir en que ETA era el principal sospechoso de las bombas a pesar de que éstas eran inconsistentes con las tácticas y la agenda política de ETA”. Impresionante International Institute. Vuelco completo a los análisis. Por vez primera se subraya que la atribución del gobierno no es que fuera incompatible con los los hechos, sino con lo que, en cualquier circunstancia, podían ser los hechos. ¡Está en la agenda, imbécil! Si de argumentar se trata, no hay martillazo mayor que el de asegurar que sólo podía ocurrir lo que ha ocurrido. A ver quién falsa la falacia. Cuando aún no ha ocurrido, el análisis es más complejo. Lo que decía John Chipman, el director del IISS, antes de la invasión de Irak, en una entrevista a Le Figaro: “Hace doce años que Saddam Hussein desafía a la comunidad internacional negándose a aplicar las disposiciones que le han sido impuestas sobre la erradicación de sus armas de destrucción masiva. Lleva doce años de guerra de desgaste, desarrollada con un cierto éxito. No hay nadie que dude, realmente, de que dispone de un arsenal de armas químicas y biológicas y de que tiene medios para emplearlas.” Ni siquiera el problema es que tuviera o no armas y capacidad de usarlas. El llamado problema de Chipman es no hay nadie que dude. Y ahí sigue. Diseminando terroristas. Virtuales e invisibles excepto para su ojo de buey.
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El último párrafo. El currículum de Enric Marín en los periódicos. Nuevo secretario de Comunicación del gobierno tripartido. Gocé de Enric Marín en su primer año de docencia. Ya estaba hondamente preocupado por la comunicación social. Su línea de trabajo era la construcción de un territorio comunicativo catalán. La delimitación de ese territorio era la condición necesaria y suficiente de la independencia política. A mí me mandó al Collsacabra a seguir las voces de Serrallonga, el primer portavoz catalán. El campo estaba bellísimo y fue inolvidable. De cada risco brotaba un eco, Qué digo un eco, una ópera. Se le presentó el posmoderno trabajo de campo a Marín y sonrió satisfecho y orgulloso. Sus hipótesis eran correctas. De eso trató nuestra juventud. Cómo le envidio que siga en ella. El último párrafo: “Marín se inició en la política en una organización de extrema izquierda denominada Plataformas Anticapitalistas. En 1987 ingresó en la Crida a la Solidaritat junto con el también profesor Joan Manuel Treserras, con quien ha formado durante muchos años un tándem político-intelectual. En aquel momento, poco después del atentado de ETA en Hipercor, ambos se distinguieron por señalar el rechazo del independentismo catalán a la vía de la violencia política”. Perdón, se trata del penúltimo. Ahora va el último. Marín se inició en política en una organización terrorista denominada Plataformas Anticapitalistas. Poco después del atentado de Hipercor mostró su rechazo a la violencia en Cataluña. Sólo en Cataluña: aquel mismo año de 1987 Marín y su colega Treserras apoyaron la candidatura de Herri Batasuna a las elecciones europeas.




