30 de abril de 2004

En su crítico artículo de hoy el Premio Nobel de la Paz, José Saramago, alude a la tragedia colombiana. Se trata de un texto de doscientas treinta palabras, titulado Punto crítico, donde se recuerda a los más de tres mil ciudadanos secuestrados. Con independencia de su altura ética, mil veces probada y ejemplar en el autor, lo que impresiona del artículo es el manejo retórico. En esas doscientas palabras no aparecen terrorismo, terrorist@, guerrilla, guerriller@ ni derivados y sí, muchas veces, Uribe, Gobierno y Estado. La manera personalísima con la que Saramago administra el vacío (fruto, sin duda, de una larga familiaridad con él) y cómo en su texto lo no nombrado adquiere, por contagio de la soez repetición de sus opuestos, esencia y presencia, sitúa esta pequeña pieza maestra entre los alegatos más inesperados y feroces que se hayan escrito contra el terrorismo colombiano y resulta indiscutiblemente más propia (¡y merecedora!) de un Premio Nobel de Literatura.

En su moderno artículo de hoy sobre la arroba escribe Juan José Millás: “Su uso está tan generalizado que casi podemos afirmar que nuestro alfabeto se ha enriquecido con una nueva y rara vocal que sirve de manera indistinta para el masculino y el femenino porque es simultáneamente una o y una a.” Y en el último párrafo pide a la Academia que “le invente un sonido, pues no vemos el modo de utilizarlo en el lenguaje hablado con la facilidad con la que se ha introducido en el escrito”. Cómo va a ver el modo de la rara vocal. ¡Si se trata de una consonante!

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