26 de abril de 2007

El exilio se acerca hasta Bouzigues. En una orilla del lago Thau. En la otra Sète. Se trata de rendir homenaje a Albert Boadella, que lo empezó todo. El director saluda desde su balcón abierto frente al lago ostrero. Lleva aquí instalado unos cuantos meses y no ve ningún motivo para cruzar la raya. Suculenta anguila guisada y vino graso. Una larga conversación. Boadella manifiesta un especial interés en saldar definitivamente las cuentas con el interior. Todos los presentes se muestran expectantes ante la metáfora, piden más vino y alguien se levanta para abrir los ventanales y que entre la brisa faisandée del lago. Pero no se trata de una metáfora. Boadella se sorprende de que su petición de que la Generalitat salde las cuentas pendientes con Els Joglars haya sido tomada como una hermosa metáfora de reconciliación. “Allí todo lo arreglan con versos”, sonríe. Y añade: “Serán unos doscientos cincuenta millones”. En las próximas semanas se dirigirá a las nuevas autoridades políticas y culturales para razonarles pormenorizadamente la cifra: el resultado de la deuda histórica que la Generalitat mantiene con la compañía desde la afirmación del pujolismo. Lo que no pagó en su día. Genial y antilírica, la decisión de Boadella abre insólitas perspectivas políticas. Por los daños y perjuicios de la política democrática.

Más tarde. Atardecer flamenco. Dolors Caminal explica cómo pinta: “Yo pinto lo que veo, no lo que sé. Lo que sé no tiene ningún interés”. La pintura realista. Es probable. Pero, sobre todo, el periodismo.

Comments are closed.

-->