31 de enero de 2004

La opinión pública británica no cree al juez Hutton. El juez Hutton acaba de declarar después de su investigación que ni la Bbc ni su fuente, el científico Kelly, cumplieron con su deber. De inmediato los periódicos acuden a los brazos de mamá: la opinión pública. La opinión pública los consuela. Y como a un niño tonto les dice: Hutton se equivoca: la Bbc tiene razón. Esto se produce poco después de que el informe Hutton exhiba su serio carácter, prácticamente irrevocable, y de que ningún periódico haya podido encontrar grietas destacadas en el informe. Los más necios, entre ellos algún malvado, ejecutan maniobras de distracción en torno al informe, subrayando que en Irak no se han encontrado armas de destrucción masiva y que por lo tanto la Bbc tenía razón: están incapacitados (por gen) para entender que el juez Hutton examinaba algo muy distinto: los fundamentos que la Bbc tenía para decir lo que dijo. Ningún fundamento afirma Hutton, taxativamente: el juez, a diferencia de los necios, entiende la diferencia entre el periodismo y el juego de la ruleta. Dado que el periodismo vigente no puede presentar una sola prueba contra Hutton, ofrece sus investigaciones en el lado de la superstición vigente, también llamada opinión pública. Cuando el periodismo no puede saber, se apresta a creer. Así equilibra la balanza. Sería interesante, además, que las encuestas que el periodismo ciclícamente presenta para encubrir sus fracasos se sometieran algún día a la prueba científica. Y demostraran así que la metáfora que permite rotular GRAN BRETAÑA OPINA sobre la opinión (extraída telefónicamente) de unos pocos ciudadanos tiene, al menos, la misma solidez empírica, pongamos, que los argumentos de Hutton. El problema es permanente. Fue el de Andrew Gilligan, el periodista de la Bbc. El de cualquiera metido en este oficio. Creer es más sexy que saber.

Un poco más sexy: “El último número de la revista masculina Men’s Health informa sobre el efecto de algunos alimentos sobre el gusto definitivo del semen. Mejoran, por ejemplo, el sabor del esperma el mango, las ciruelas, las naranjas o el melocotón, pero lo empeoran el ajo, los espárragos, la carne roja y el muslo de pollo”, escribe Vicente Verdú en su columna (iba a decir deliciosa) de hoy.

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