30 de enero de 2004
Julio Medem, director de cine, publica hoy en El País un emotivo artículo donde pide socorro, dada su condición de victima de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Parece que esta asociación ha decidido alguna forma de boicot y protesta por la candidatura de La pelota vasca, la película de Medem, a los premios Goya que se entregan mañana. Medem prevé que este día “sea el más injusto y desmoralizante de mi vida”. La movilización y el griterío de las víctimas del terrorismo es sumamente antipática para la izquierda profesional. Lo que menos tolera la izquierda profesional es que le disputen los gritos. Le pasa con los gritos lo que a la derecha con el poder. El artículo de Medem y el antipático marcaje de las víctimas se me funden —en negro— con el artículo que Carod-Rovira publicó en 1991, en el diario Avui, poco después de que los terroristas asesinaran a diez personas en el cuartel de Vic. Uno de sus últimos y más conocidos párrafos decía: “Nada de lo que os voy a decir es nuevo para vosotros. Os lo dije ya, hace medio año, en algún lugar de Euskadi, cuando en nombre de mi partido os pedí, formalmente, que no actuaseis más en mi país. Habéis respetado la petición durante seis meses. Ahora sólo me atrevo a pediros que, cuando queráis atentar contra España, os situéis, previamente, en el mapa”. Carod tenía entonces 39 años y era diputado en el Parlamento de Cataluña. El problema no es Carod. Han pasado trece años. No son tantos años. Carod ya tenía uso de razón. Yo también. Tengo la vaga sensación de que leímos ese artículo pensando que Carod y su gente le plantaban cara a los terroristas. Fora de Catalunya!, estaban diciéndoles. Repaso la prensa de junio de 1991. No encuentro menciones al artículo de Carod. A su lógica siniestra. Ni políticos ni intelectuales ni periodistas. El antipático marcaje de las víctimas es de anteayer. Hasta ese momento las víctimas se limitaban a morir, con mucha profesionalidad.


