26 de enero de 2004

Naturalmente. Si como publica hoy Abc los terroristas dejan de actuar en Cataluña su gesto sólo podrá interpretarse en la misma clave confederal que propone la creación de 17 agencias tributarias. Quiero decir en estrictos términos de reparto de la riqueza.

La peor y más maligna condescendencia respecto de la tiranía cubana no está en las palabras de los políticos. Está, nítida, como casi toda la ideología contemporánea, en los suplementos de los domingos. Ayer traían al viejo y enfermo Gades, bailaor supremo, en una abominable serie fotográfica que lo mostraba de compadreo con los jefes cubanos, con Raúl Castro a la cabeza, rematada la serie con la audición de La Internacional, puño en alto. Hablando de inconcebibles parecidos, me preguntaba la otra noche el jugador Garcíapelayo si recordaba la vez que Perales, José Luis Perales, había ido a cantar al Chile de Pinochet. Lo que le habíamos dicho. Cuba no es más que la etapa caliente en esa tournée des grands ducs en que algunos señoritos han convertido su vida. Su vida después del alucinante fracaso.

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